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No identificado

Un cuento de Jorgelina Cerritos

De haber sabido que era tan fácil no me quemaba las pestañas estudiando tanto. Lo de quemarse las pestañas es sólo un decir, que conste. Bien estaba en la Unidad de Salud, haciendo la limpieza y los recados, a veces me tocaba ir a conseguir el almuerzo para las enfermeras y los doctores pero en la tarde, nomás cerrar, tempranito llegaba a la casa, hasta que un día la Doctora me empezó a dar paja. Lo de dar paja también es sólo es un decir, que conste. Todo fue porque había paro en la Unidad y en lo que se despachaba a la gente diciéndole que no se iba a dar consulta, ella se sentó a la par mía un poco acongojada. En ese momento creo que estaba pensando en voz alta, como se dice. Se siente feo cuando se tiene que despachar a la gente, me dijo. Y era exactamente lo mismo que yo estaba pensando. Yo nunca me la di de tan entendido pero le dije sin querer lo que pensaba. Le dije que con la salud estaba bien jodido porque está bueno lo de los paros y las protestas pero a las clínicas y los hospitales uno llega buscando remedio a alguna enfermedad, que si yo fuera doctor capaz les daba consulta por mi cuenta. Eso fue todo. Me imagino que en ese momento ella sintió que había hablado de más porque yo, el chamaco de la limpieza, me estaba poniendo en el lugar del doctor. Así empezó nuestra amistad. De repente un día me preguntó que hasta qué grado había estudiado y cuando le dije que poco me había faltado para bailar aquella que dice “Soy bachiller, soy bachiller”, me empezó a forzar a que terminara de estudiar. Lo de forzar es un decir que conste, porque para eso el burro a señas y el tonto a palos, y yo, modestia aparte, tengo algo de burro pero nada de tonto, y de oírla hablar me dieron unas ganas de terminar la escuela que un día llegué y le dije que ya lo había decidido, aunque asaber qué iba a hacer con el título después porque aquí lo mismo da que uno sea o no sea bachiller para hallar trabajo y salir adelante. La Doctora me dijo que cuando sacara el título la buscara porque ella trabajaba en Medicina Legal y me podía ayudar a entrar como auxiliar de médico forense. El nombrecito me gustó así que me puse las pilas para sacar el cartón.desconojorgelina1  No identificado desconojorgelina1

Al tiempo resultó que la doctorcita ya no iba a estar en la Unidad de Salud. Dijeron las malas lenguas que algo tenía que ver con aquello de los paros y las protestas, pero el día que se iba me dijo que no más terminara el estudio la buscara. Yo tuve que serle franco porque eso de que me faltaba poco para cantar la canción de Jhose Lora era relativo, como se dice, pues en comparación a todos los años que había estudiado era poquito pero la verdad es que apenas tenía que empezar el bachillerato a distancia. El tiempo se pasa volando me dijo ella, guardando las cosas de su escritorio, y me volvió a decir que si lograba terminar el bachillerato y ella todavía estaba en Medicina Legal el puesto del auxiliar del médico forense sería para mí. No me di agua estudiando. Eso de Auxiliar de Médico Forense me sonaba impresionante. Nunca había habido en mi familia un Auxiliar de Médico Forense ni nada por el estilo. Así que me propuse convertirme en el primero de la familia para orgullo de mi abuela, que en paz descanse, de mi vieja que se mata trabajando por toda la prole que somos y para olvidar el resentimiento por el que se supone que es mi papá por habernos dejado tirados y haber tenido yo que chambear desde bien cipote sin llegar a ser nadie en la vida. Fueron los dos años más yucas de mi vida, porque si de bicho me costaba el estudio ya no digamos ahora que tenía el cerebro un poco oxidado. Lo de poco oxidado, ya sabe, es un decir que conste porque de tan poco uso que le he dado creo que más bien ni cerebro me quedaba. Trabajando, estudiando, manteniendo el vicio de mi abuelo, a mis hermanas pequeñas, a los sobrinos. Ayudándole a mi vieja con la venta y haciendo tiempo para la novia para que no se me fuera con otro, yo estaba seco, seco, ojeroso y siempre abostezando. No había bus en el que no me quedara dormido y no había mañana que no quisiera quedarme más tiempo en la cama. Hasta dejé de jugar futbol los domingos en la canchita porque sentía una debilidad que no daba pie con bola, y eso sí que no era un decir, que conste.

La cosa es mi amigo, que la Doctora nunca me explicó en qué consistía el trabajito, ahora lo entiendo en carne propia, claro, y lo de carne propia, para nada que es un decir…

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El día que me atropellaron me venía durmiendo en el bus por eso me bajé atolondrado en la media parada que me hizo el motorista a causa de venir peleando vía y no me fijé que ahí no más venía el camión de caña. Si hubiera andado despierto le aseguro que me quito el golpe, pero no, por allá salieron los libros de la escuela, cabal a distancia. Bien alcancé a oír el trancaso y el crujido de los huesos, supongo que de las costillas, o de la cabeza, quien sabe. La sangre salió chisporroteando por todos lados. La gente gritaba, el bus frenó, el camión se fugó, el camión camión no, el camionero, claro, y yo de rebote por el asfalto hasta quedar destripado en la cuneta. Un pobre niño me vio pasar tan cerca que seguro va a tener sueños feos conmigo por días. Se entiende que no pude terminar la escuela, ni por más a distancia que sea las clases no llegan hasta el otro lado ni telegrafiadas. También se entiende que no pude ir a buscar a la Doctora para enseñarle el título y decirle que seguía interesado en el puestecito, pero mire lo que son las cosas, igual llegué a Medicina Legal. Me trajeron envuelto en una manta y metido en una bolsa de esas negras, para basura. Y que conste que en este caso lo de basura es un decir, porque no habré hecho mucho en la vida pero basura, lo que es basura, no soy. Con el ojo izquierdo que me quedó abierto alcancé a ver a la Doctora que todavía sigue aquí. Llamó al actual Auxiliar de Médico Forense para que realizara su trabajo, y ahí fue donde me enteré. Ala, mi amigo, que de haber sabido, de haber sabido que era tan fácil, de verdad que no me mataba estudiando tanto. Si la cosa es de acarrear bultos y recoger bolsas. Métale pluma, meter el muerto en la bolsa, echarlo a la cama del picat, así tiradito,  si el fulano ya no se queja si lo maltratan mucho. Si hay tripas regadas, recogerlas. Las cosas que hayan salido volando por ahí, recogerlas también. Y ya aquí, bajarnos del picachito, ponerle un viñetita a cada bolsa y meterlas al frízer donde lo ponen a uno mientras lo vienen a reconocer. Total, el Auxiliar de Médico Forense es un sinónimo de carga muertos y recoge bultos, pues. Pero mire que así y todo, algo se le queda a uno de la escuela, oiga bien lo que le dije, es un sinónimo.

Mi esperanza es que la Doctorcita abra la bolsa, me vea y me reconozca y talvez halle la forma de avisarle a mi mamá, porque en la pasmazón del desvelo en que andaba no saqué los papeles y en la viñeta “no identificado” me van a poner. Y eso sí está jodido compadre porque mi vieja no me va a encontrar y yo me voy a quedar de Auxiliar de Médico Forense pero en la Facultad de Medicina de la Universidad, chuloncito y destazado, y eso sí que no me llama la atención, mi amigo, porque si no me entraban las clases del bachillerato, ya se me van a andar quedando las de la Universidad…

Y a usted, mi hermano, cuénteme ¿qué fue lo que le pasó?

Jorgelina Cerritos

“Cuentos urbanos para después de la cena”

Derechos Reservados de la autora.

Ilustraciones de Hector  Escalante

1 Response

  1. 22 julio, 2015

    […] Un cuento de Jorgelina Cerritos De haber sabido que era tan fácil no me quemaba las pestañas estudiando tanto. Lo de quemarse las pestañas es sólo un decir, que conste. Bien estaba en la Unidad de …  […]

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