Sospecha

Un cuento de Jorgelina Cerritos

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Yo no he tenido nada que ver con esa mujer. Apenas la vi las veces que mi hijo la llevó a la casa. Llegaban en la noche con el pretexto de estudiar para los parciales pero uno no es tonto, a veces hasta había terminado el ciclo y ellos seguían estudiando para los parciales. Pero bueno, no era mi hija, así que no me importaba. Si hubiera sido mía, hija mía me refiero, nunca la hubiera dejado quedarse a dormir en la casa del novio así aplazara las clases y no se licenciara nunca. A mí ella no me gustaba. Tenía una mirada rara, como coquetona, y uno es hombre y como hombre se fija. Veintidós añitos y una mini falda bien cortita y ceñidita que usaba… Yo nunca tuve nada que ver con esa mujer, mi vieja es la que se anduvo metiendo cosas en la cabeza y le calentó la mente al muchacho. Si yo hubiera querido me propasaba con ella bien fácil. Si cuando se quedaban a estudiar bien oía los gemidos desde el cuarto de mi’jo y por más que quería dormir no lo lograba. Luego ella salía al patio, porque para ir al baño había que cruzarse la casa. La luz del farol de la calle que pega de ese lado de la casa le redondeaba las nalgas y yo, arrimadito entre la pila y el lavadero, sólo me le quedaba mirando. Después que ella salía del baño yo ya no podía contenerme y rápido entraba, todavía estaba caliente la taza donde, seguramente, se había limpiado partecita por partecita. Nunca me vio pero bien sabía que yo la miraba. El último día que se quedó en la casa casi me mata. Se pasó el patio desnudita, como Dios la mandó al mundo, delgadita, alta, pero con unas caderas que da gusto mirarlas. Pero por lo demás nada. Yo nunca tuve nada que ver con ella, qué más hubiera querido, para serle honesto y decir la verdad.

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Si yo hubiera querido cualquier día me la tastasiaba. Es una perra mal nacida. Nunca me ha caído bien. No me gusta para mi hermano pero eso no importa porque tampoco me gusta mi hermano, pero la idea de tener una zorra metida en la casa es denigrante para cualquiera. Con esos trapitos que usa y los tacones de mujerzuela; si yo me vistiera como ella también atraparía a cuanto hombre quisiera pero yo no soy como esa. Yo tengo decencia. Imagínese que hasta al marido de mi nana se le anda metiendo, a su propio suegro pues. Si yo hubiera querido me la tastasiaba porque de cuerpo soy dos veces el de ella, quizás tres y con las ganas que le tengo ya ni que, pero no, así es la vida, por algo le rebanaron la cara y yo no tuve nada que ver. Bien fácil me la había puesto porque las noches que se quedaba cogiendo con mi hermano, se pasaba el patio para ir al baño, con el ruido que hacían no había quien durmiera. Yo hasta me ponía los audífonos para no oír nada porque me daba asco tanta cochinada pero nada, a la hora de las horas siempre los escuchaba. Ahí hubiera podido salirle al encuentro, para que dejara de andarme viendo con ojitos de puta arrepentida, pero nunca me atreví a nada. Nunca se sabe, las cosas siempre se pagan y al final uno tiene que dar cuenta de sus actos, así que no, sólo me quedaba espiando por una rendijita de la puerta de mi cuarto. Se pasaba el patio, orinaba, se regresaba y se metía otra vez a la cama. La última vez que vino a la casa se pasó chulona por el patio, la muy degenerada, como si mi casa fuera un putero. Bien la vi porque de la calle entra la luz del poste y sí, andaba pelada. Pues ya, nada, nunca me cayó bien la desgraciada, eso no lo puedo negar, pero de eso a otra cosa, nada que ver, yo tengo la conciencia tranquila y las manos bien limpias.

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Las cosas hay que decirlas como son. La muchacha me debía dinero y yo no podía seguir esperando. Ese ha sido el negocio de toda mi vida, de ese dinerito le he dado estudios a mis hijos; si la mayor no quiere ir a la U es porque no quiere, si no así como el cipote ella también podría ir, si quisiera. Nunca me ha gustado el pisto ajeno por eso ni siquiera a mi marido le ando pidiendo, pero tampoco me gusta que no cumplan su palabra, trato es trato, yo de esto vivo y si ella no tenía cómo responder mejor no se hubiera metido con mi hijo para que le siguiera prestando. Las cosas son como son. Ahora bien, entre que la muchachita me debía buen dinero y que yo iba a tomar cartas en el asunto hay mucha diferencia, y eso que motivos no me faltaban. Más sabe el diablo por viejo que por diablo y esas miraditas con mi marido no me gustaban. Cierto que el viejo ya está viejo y de poco sirve en la casa, pero una cosa es que yo lo eche y otra que él se vaya, y peor por una bicha jodida que encima es la novia del niño. Suficiente con tenerla metida en la casa, comiendo de mi comida, gastándome el agua y la luz, prendida de la tele y de la computadora en el cuarto del cipote, para también aguantarle sus coqueterías con el gordo. La última noche que vino a dormir le quería advertir lo del dinero, talvez por vergüenza dejaba de venir a la casa, pero no hallé el momento de hablar con ella. Bien la sentí salir del baño en la madrugada, luego de la gritería que le agarra cuando está con el niño, así que me puse mi bata y salí para hablar con ella. Pero qué va a creer, sin nada andaba la muy estúpida por toda la casa, ahí no más me di la vuelta y me fui a acostar. Ni modo, hoy ya estuvo, ya no pude hacer nada y esa dinero ya no lo voy a poder recuperar.

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La sola idea que de verdad me dejara me mataba. Fue la primera mujer que tuve, ella me enseñó todo lo que sé del mundo, de la vida y de la cama. Mi hermana le tenía envidia, a mi mamá no sé por qué no le gustaba, el único que era amable con ella era mi papá. Poco a poco se había venido quedando más tiempo en mi casa, con la excusa de los exámenes al principio y luego ya sin explicar nada. Esa noche nos quedamos celebrando nada. Yo tenía ganas de celebrarla a ella, por sus ojos, por su belleza. Lo hicimos con locura, como siempre era el sexo con ella. En el descanso que vino después yo hice un comentario burdo sobre ella y mi padre, vulgar, casi soez y ella saltó como endemoniada. Dijo que estaba cansada de las insinuaciones sobre ella y que un día de estos de verdad me dejaba. La sola idea me mataba. Intentó irse pero yo la detuve, un poco a la fuerza, pero no tanto, sólo lo necesario para no despertar a nadie y que no se me fuera. Logré dominarme. Yo no quería que me dejara, no iba a poder vivir sin ella. Yo la amaba. Me le puse de rodillas, llorando, pidiéndole  perdón, mil veces perdón. Me sobó la cabeza, le pasé mis manos por todo, todito su cuerpo y se quedó a mi lado. En la madrugada me despertó el ruido de la puerta y el frío que entraba. Ella no estaba en la cama. Asustado, busqué su ropa, la que habíamos dejado regada. Me calmé, ahí estaba. Supuse que andaba en el baño. Pero ella no regresó, no regresó del baño, no regresó a la cama y desde entonces mi vida no ha regresado a mi alma. Habíamos peleado, es cierto, pero yo sería incapaz de lastimarla, yo la amaba. La sola idea que me dejara me mataba. Fue la primera mujer que tuve, sabe. Ella me enseñó todo lo del mundo, de la vida y, por qué no decirlo, de la cama.

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El cuerpo desnudo, destrozado y en descomposición, de una mujer no  identificada, fue hallado enterrado en el patio de una casa, abandonada desde hace varios  meses. Se registran evidentes señales de tortura.

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Jorgelina Cerritos

“Cuentos urbanos para después de la cena”

Derechos Reservados de la autora.

Ilustraciones de Hector  Escalante

1 Response

  1. Alberto Barrera dice:

    Execlente narración.

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