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Días de radio: tomas y bombas

La guerra civil de más de una década en El Salvador causó miles de muertos, heridos y desaparecidos, entre ellos casi una veintena de periodistas, y generó un atractivo peligroso para quienes hicimos radio. Para los rebeldes izquierdistas fue común ocupar estaciones y lanzar mensajes prohibidos llamando a unirse a la revolución, mientras los grupos de extrema derecha amenazaban a empleados o destruían con bombas las emisoras. En esta crónica recordamos momentos tensos para trabajadores radiales en los que muchos sufrimos amenazas, vejámenes y fuimos testigos de la destrucción de algunas estaciones.

Diasderadio días de radio: tomas y bombas Días de radio: tomas y bombas Foto Radio YSU 1984

Leo Ramírez y Alberto Barrera / San Salvador

Durante el conflicto armado en El Salvador, en la década de 1980, muchas radios fueron intervenidas por la fuerza, tanto por los rebeldes izquierdistas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) como por grupos de extrema derecha y sus escuadrones de la muerte, que llegaron incluso a dinamitar algunas emisoras.

El objetivo principal de las intervenciones por parte de los guerrilleros era ocupar los estudios de algunas estaciones para transmitir comunicados sobre la situación del país y denunciar los abusos del ejército gubernamental en contra de la población marginada, tanto en el campo como en los barrios obreros, al mismo que llamaban a la población a unirse al proceso revolucionario socialista.

Mientras que el objetivo de los grupos ultra derechistas era silenciar aquellos medios que consideraban colaboradores del comunismo o a veces transmitir comunicados amenazantes.

La situación de violencia se agudizó en 1979 y 1980 cuando ocurrieron la mayor cantidad de abusos, mientras el país se convulsionaba con las protestas sociales, huelgas y ocupaciones de centros laborales que a veces eran desalojados a fuerza de bala, las protestas callejeras eran disueltas violentamente y en campo el ejército, los cuerpos de seguridad y paramilitares reprimían a los miembros de organizaciones campesinas que clamaban por justicia, mientras los grupos armados rebeldes respondían con fuerza, secuestrando, atacando militares o explotando bombas en cuarteles de la policía y la guardia nacional. Todo presagiaba la larga y sangrienta confrontación armada que concluyó en 1992.

En ese ambiente la radio tuvo su desarrollo a fuerza de sangre y fuego, los noticieros proliferaron y sin medir consecuencias aprovechaban espacios y las noticias de la realidad eran transmitidas desde cada lugar en que ocurrían los sucesos, aunque los periódicos y los escasos noticieros por televisión se ocupaban de los sucesos sociales, consultaban solo “fuentes oficiales” -que enviaban boletines noticiosos con noticias tergiversadas- y evadían la responsabilidad de acudir a los sitios de los sucesos para tener otra visión de lo ocurrido y tampoco cedían espacios a los críticos del sistema gubernamental.

Amenazas y abusos a locutores

En ese ambiente algunos profesionales del micrófono, que cada día acompañaron a sus audiencias desarrollando la programación en sus respectivos medios de comunicación, fueron amenazados de muerte y abuso físico por las fuerzas rebeldes y los escuadrones derechistas.

Pedro Portillo, ex-locutor de “Estación H” una radio juvenil Santaneca de mucha audiencia en esa convulsa década -actualmente productor de audiovisuales y docente universitario-, recordó la noche cuando sujetos enmascarados lo secuestraron a él y a su colega Robin Ramírez, para luego destruir los estudios de la emisora, ubicada en el cantón El Salamo a unos 10 kilómetros al este de la ciudad de Santa Ana.

“En tres años me amarraron 14 veces y la última fue la peor, esto ocurrió el 13 de julio de 1979, alrededor de las 9:20 de la noche. Yo programaba al aire la canción ´I Want Your Love´ de la banda afroamericana ´Chic´- de muchos éxitos en los 70-, cuando llegaron varios tipos enmascarados y armados, me tiran al piso, me pegan, me vendan y me sacan de la radio junto a Robin, otro colega del micrófono que se encontraba en los estudios de transmisión de la radio, y Miguel el vigilante”, recuerda Portillo.

“Nos llevaron lejos en un vehículo, estábamos vendados de los ojos y los tipos nos ponían la pistola en la cabeza y nos amenazaban con asesinarnos. Después de media hora de viajar, los sujetos nos dejaron en una calle totalmente oscura, la verdad es que no sabíamos dónde estábamos”, continuó Portillo.

“Cuando fuimos puestos en libertad, caminamos por unos diez minutos y a lo lejos escuchamos una explosión, no sabíamos qué estaba pasando. Seguimos caminando hasta que encontramos una casa donde nos brindaron ayuda. Esa noche vimos la muerte de cerca”, comentó Portillo.

“Posteriormente supimos que aquella explosión que habíamos escuchado fue la detonación de la dinamita que destruyó los estudios de transmisión de nuestra querida Estación H”.

“Nunca se supo quienes o por qué motivos habían perpetrado el hecho, solo se escucharon rumores que el propietario tenía muchos enemigos, aunque otros atribuyeron la voladura de la radio a gente conectada a la extrema derecha para luego ellos culpar a la guerrilla”, señaló Portillo.

Las tomas de las radios

Radio Sonora, que tenía sus estudios de transmisión en el quinto piso del Edificio Rubén Darío, en pleno centro capitalino -destruido por el terremoto del 10 de octubre de 1986- fue ocupada varias veces entre 1979 y 1980. En una ocasión, mientras algunos locutores y periodistas tomábamos un descanso al mediodía por la transmisión del programa de deportes, tres jóvenes (dos hombres y una mujer) aparecieron sonrientes vestidos de traje formal y pequeñas maletas, nos saludaron en la pequeña sala de recepción y sacaron sus armas: “ésta es una ocupación pacífica”.

Aún sonrientes por su acción y muy fríamente nos ordenaron tirarnos al piso y solo el entonces veterano fotoperiodista Roy Archila (+) se quedó sentado en el sofá, porque debido a su edad y un mal en la columna no podía hacerlo como los demás, entre ellos Héctor Carmona Rogel (+), Ismael Beltrán Solano, Alberto Barrera y Marcos Alemán quien sintió en su cuello “la pistola helada” que le pusieron los comandos urbanos ordenándole llevarlos a la sala de enlace regional, pues en los noticiarios se hacían reportes para emisoras de la Organización Intercentroamericana de Radio (OIR) de la cual Sonora era asociada.

Beltrán, quien laboraba junto a Archila en el Diario de Hoy, rezaba porque temía lo peor en su contra sí se enteraban quien era, pero no le pasó nada, pues los tres guerrilleros sacaron a todos del estudio, colocaron unos artefactos explosivos (que no lo eran) y obligaron a colocar su cinta con el mensaje revolucionario antecedido de música sudamericana de moda y que incitaba a la rebelión en el continente. Agentes de la policía llegaron analizaron los supuestos artefactos y desconectaron el aparato en el que habían colocado el mensaje insurgente que se transmitió completo.

Diasderadio días de radio: tomas y bombas Días de radio: tomas y bombas Radio Universal o YSKL a fines de los 70

Interferencias y atentados a la radio católica

La radio YSAX “La Voz Panamericana”, que por ese tiempo logró mucha audiencia porque como emisora oficial de la iglesia católica transmitía las homilías y los mensajes del arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, fue interferida y dinamitada en varias ocasiones.
El Obispo salvadoreño, ordenado Beato por El Vaticano el pasado mayo, creó desde finales de 1978 un espacio de noticias y comentarios en la emisora, que aludían el calor de los hechos con el fin de acercarse a la realidad y que la audiencia tuviera una interpretación diferente a los que transmitían los medios “comerciales” y oficialistas.

“Monseñor Romero sostenía la tesis de que a falta de una auténtica libertad de prensa, dada la autocensura de las empresas periodísticas y la subordinación de los medios de comunicación social al gran capital y al gobierno, era importante escuchar otras voces”, dice en el prólogo el libro “El Salvador: entre el terror y la esperanza” que publicó UCA Editores en 1982 con todos los comentarios transmitidos en 1979.

Siendo una estación en la frecuencia AM y sin cubrir todo el territorio nacional tuvo una audiencia de niveles insospechados principalmente por el valor de la palabra, de la denuncia de Romero, en la que incluyó los atentados en contra de la emisora que en varias ocasiones fue interferida por “piratas del aire” sin que las autoridades de la Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL) lograran detectar quiénes lo hacían y menos que los cuerpos de seguridad dieran con quienes colocaban las bombas en sus plantas transmisoras.

Romero denunció en su diario la captura de Guillermo Cuéllar, a quien él llama Piquín, a la salida de la radio junto al padre David Rodríguez el 5 de octubre de ese 1979. Cuéllar conducía un programa y cantaba música latinoamericana de protesta a las cinco de la tarde.

El arzobispo también denuncio la matanza durante la marcha de la Coordinadora Revolucionaria de Masas que aglutinaba organizaciones de masas de la izquierda, partidos políticos y asociaciones comunitarias el 22 de enero de 1980, pero al mismo tiempo exigió la libertad de informarse de la población a través de las estaciones noticiosas.

“Reporteros que estaban presentes en los hechos y muchas veces de testigos, señalaban que los guardias que estaban en el balcón del Palacio Nacional habían tiroteado la muchedumbre”, que fue justo el reporte que hiciéramos en radio Sonora sobre esos sucesos, escribió Romero en su diario y aseguró que pidió al Secretario de Comunicaciones, Sigfrido Munés, que no encadenaran las emisoras “porque quitaban así la espontaneidad y el pluralismo de la información”.

Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 y eso desató la aceleración del brutal conflicto que en 12 años provocó la muerte de unas 75,000 personas, dejara 12,000 lisiados y causara al menos 8,000 desaparecidos. Los entonces dueños de la Radio Sonora ordenaron a los periodistas que suspendieran noticias relacionadas con el magnicidio y todas las actividades relacionadas al cortejo fúnebre del religioso, en el que hubo varios muertos.

Pero la radio también denunciaba los abusos que cometían los grupos de izquierda, el mismo Arzobispo medió en varios casos de secuestros de empresarios como el japonés de la empresa Insinca, Takakasu Susuki, quien luego fuera asesinado por sus captores de la izquierda alzada en armas. Por esos días también habían sido secuestrados Ernesto Liebes y dos ejecutivos del Banco de Londres y América del Sud, empresa que después cerró sus actividades en el país.

A fines de octubre denunciaron la explosión de potentes bombas en los edificios de La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, aunque antes desconocidos incendiarios los talleres del periódico La Crónica del Pueblo y los explosivos en el semanario católico Orientación, la revista ECA de la universidad jesuita y algunas radios comerciales.

La Monumental dinamitada

También los estudios de transmisión de radio Monumental fueron volados con explosivos durante el conflicto armado, se supuso –aunque nadie lo determinó- que el atentado fue porque antes del cierre de su labor diaria se transmitía el noticiero “Cinco minutos”, que reporteaba, producía y leía las noticias, Abelardo “el negro Plá” como él mismo se presentaba. Años después este reportero de piel morena, pelo enrizado y baja estatura, que usaba lentes gruesos y hablaba un tanto enredado desapareció en una zona de Cabañas.

Un militar dijo después que probablemente era alguien al que patrulleros cantonales confundieron con un extranjero y le habrían asesinado, lo cierto es que desapareció y nunca se verificó la versión.

O quizá porque durante la ocupación y matanza en el centro de retiros religioso El despertar en San Antonio Abad por fuerzas de seguridad pública coordinadas por el ejército, un locutor denunció al aire que “los monstruos verdes han invadido el paraíso” en alusión a la masacre de un sacerdote, Octavio Ortíz, y cuatro estudiantes de 15 a 17 años cuando estaban en un curso de iniciación cristiana.

El locutor, impactado por el suceso sangriento que superó límites de crueldad, pues algunos de los cadáveres fueron colocados en el techo para asegurar de que desde ese lugar atacaron a los militares, aludió esa realidad la mañana del sábado 20 de enero de 1979, llamándoles monstruos.

Paradójicamente 1979 había sido declarado “Año Internacional del Niño” y la realidad de violencia arrastraba a todos. Mientras los empresarios y el gobierno se enfrentaban a una efervescencia social, con huelgas y ocupaciones de instituciones estatales y embajadas, los grupos armados de la guerrilla secuestraban para recoger fondos e invertirlos en la larga lucha que suponían se iniciaría.

Noticias en la radio

La radio, que desde su llegada al país en la década de 1920, se había convertido en el medio de entretenimiento preferido de la población, pues no solo escuchaba música, especialmente con la proliferación de emisoras juveniles, también seguía oyendo radio novelas, pese al avance de los dramas en televisión, además le gustaba informarse.

Las principales estaciones noticiosas por esos años eran YSKL, Sonora, YSU (desaparecida) y la Central, iniciaron una competencia por sus audiencias, aumentando su caudal de noticias y los reportes “en vivo” desde alguna cabina telefónica o radios de enlace como la Banda Ciudadana, pues no existían aún los celulares, o se grababan situaciones peligrosas como la disolución a balazos de protestas populares, ocupaciones de templos católicos, principalmente catedral, y otros sucesos en las ciudades pues apenas comenzaban los enfrentamientos en el campo con unidades guerrilleras y el ejército en los que se ponía en peligro la vida.

Mientras la situación se recrudecía los noveles reporteros se capacitaban al lado de expertos periodistas extranjeros que llegaban a cubrir los sucesos de interés mundial, especialmente en la medida que Estados Unidos se involucraba apoyando a sucesivos gobiernos con ayuda económica y militar.

Al mismo tiempo los dirigentes de las organizaciones populares de izquierda eran entrevistados o partidos políticos, como el UDN (Unión Democrática Nacionalista) que representaba al Partido Comunista Salvadoreño (PCS) que hacía muchos años había sido proscrito, tenían espacios en emisoras como la Sonora adonde llegaban sus conductores que en ese tiempo eran Mario Aguiñada, recientemente fallecido y Norma Guevara, diputada jefa de fracción del Fmln en la Asamblea Legislativa.

Las peligrosas tomas de radios

En ese ambiente violento y efervescencia las ocupaciones de radios se mantuvieron. Carlos Barrientos ex-locutor de las radios Señorial y La Romántica -actual conductor del programa “Yesterday Radio”-, recuerda algunos de los momentos que le tocó vivir.

“Era uno de esos días en 1979, yo me dirigía hacia Radio Señorial a eso de las ocho de la mañana a cubrir mi turno que duraba hasta la una de la tarde, cuando en la entrada de la emisora estaba el cadáver de un joven de aproximadamente unos 16 o 17 años de edad, cuando entré pregunté qué había pasado, en seguida mi compañero locutor, Oscar Gonzales y Nicolás, el conserje, me comentaron que tres jóvenes que dijeron pertenecer a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) les ordenaron transmitir un mensaje subversivo el cual estaba en un ‘cassette’, el problema fue que en el momento que los guerrilleros salían de la radio unos guardias llegaron y les dispararon hiriendo en una pierna a uno de los jóvenes que cayó al suelo siendo rematado por otro de los guardias”, recuerda Barrientos.

En un incidente similar entre guerrilleros y guardias nacionales ocurrido en la misma radio, pero en diferente fecha, nuestro recordado colega del micrófono Salvador Escobar “Toby” fue herido en una pierna y tuvo suerte de no fallecer atrapado entre el fuego de los rebeldes y los militares.

Radio Señorial fue una de las estaciones en la que sus locutores sufrieron más ocupaciones y atentados, debido a que se encontraba en una área rural de Apopa, al norte de San Salvador y cuando habían cortes de energía eléctrica en la capital y la mayoría de estaciones salían del aire, era la única que se mantenía transmitiendo.

El 7 de Mayo de 1980, seis semanas después del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero; Roberto D’Aubuisson y un grupo de civiles y soldados fueron arrestados en una finca donde las autoridades encontraron armas y documentos identificando a D’Aubuisson y los civiles como organizadores y financistas de los escuadrones de la muerte. Los detenidos fueron acusados de preparar un golpe de estado para deponer la Junta Revolucionaria que gobernó El Salvador entre 1979 y 1982.

Esos arrestos provocaron amenazas provenientes de sujetos ligados a la ultra-derecha y una de esos escuadrones tomó en una ocasión las instalaciones de Radio Señorial 540 AM, emitiendo mensajes pidiendo la liberación de su líder Roberto D’Abuisson.
Tony Alvarenga, ex locutor de Radio Señorial y conductor del escuchado resumen noticioso “Los Sucesos de Hoy” en YSKL, en el período de la guerra, recordó ese difícil momento.

“Fijate que el transmisor de la radio había sufrido desperfectos debido a una fuerte tormenta la noche anterior y mientras los técnicos lo reparaban la estación estaba fuera del aire, cuando repentinamente entró un grupo de sujetos fuertemente armados ordenando que lanzáramos al aire un mensaje que ellos llevaban en una reproductora de cassettes”, recuerda Alvarenga.

“Inmediatamente uno de los técnicos que reparaban el transmisor les dijo que la radio estaba fuera del aire y que no podían transmitir el mensaje, pero uno de los sujetos armados dijo que si no transmitíamos el mensaje ahí mismo nos moríamos todos, que nos iban a ejecutar”, dijo Alvarenga al evocar aquellos momentos tensos.

“Yo les pedí que fueran comprensivos, que la radio estaba fuera del aire y que no podíamos transmitir el mensaje pero ellos no entendían y continuaron con sus amenazas, entonces hablé con los técnicos y les pregunté qué si podían hacer sonar la radio aunque sea unos minutos, los técnicos me dijeron que sí la podían hacer sonar aunque el alcance sería en un par de cuadras alrededor de la radio emisora”, recuerda Alvarenga.

“Entonces hicieron las conexiones respectivas, la radio transmitió el mensaje en el cual una organización ultra-derechista exigía la liberación del mayor Roberto D’Abuisson”, dijo Alvarenga.

Barrientos quien también vivió esa experiencia añade: “seguidamente que los individuos escucharon el mensaje que habíamos transmitido solo a unas cuadras de la radio, aunque ellos no lo supieron, se marcharon y gracias Dios no lastimaron a nadie”.

“Los locutores que únicamente nos dedicábamos a entretener a un sufrido y laborioso pueblo vivimos esos dramas durante el conflicto armado, nunca faltamos a un turno en cada una de las emisoras que prestamos servicios, aunque a veces no había transporte porque estaba paralizado (debido a sabotajes), teníamos un compromiso con nuestra audiencia”, señala Barrientos.

1 Response

  1. 28 octubre, 2015

    […] Radio Sonora, que tenía sus estudios de transmisión en el quinto piso del Edificio Rubén Darío, en pleno centro capitalino -destruido por el terremoto del 10 de octubre de 1986- fue ocupada varias veces entre 1979 y 1980. En una ocasión, mientras algunos locutores y periodistas tomábamos un descanso al mediodía por la transmisión del programa de deportes, tres jóvenes (dos hombres y una mujer) aparecieron sonrientes vestidos de traje formal y pequeñas maletas, nos saludaron en la pequeña sala de recepción y sacaron sus armas: “ésta es una ocupación pacífica”.  […]

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