La agonía de buscar entre los desaparecidos

Los días de esta mujer y su familia transcurren entre visitas a Medicina Legal, hospitales y delegaciones policiales para ver si han encontrado algún indicio de su hijo.

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Fotografía Diacrónico.

 

Paula Rosales / San Salvador

Una mujer desdobla nerviosamente una hoja de papel afuera del edificio de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal de El Salvador. En la página está impresa el rostro de un joven. Su nombre es Eduardo. Viste un traje oscuro, tiene una tímida sonrisa y en sus ojos se percibe un destello de ternura. Tiene 16 años y está desaparecido desde hace cinco meses.

La mujer de piel trigueña, que es la madre de Eduardo, lleva la fotografía a todos lados donde va con la esperanza de que alguien lo reconozca y pueda darle alguna pista de su “niño”, como ella le llama cada vez que lo evoca.

Lo busca con afán desde el 8 de abril de 2015. Ese día ya no volvió a casa después de finalizar un día más de estudio en el Instituto Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN).

Eduardo cursaba el primer año de bachillerato de contador. Como muchos otros jóvenes le gustaba escuchar música, jugar al fútbol y se congregaba con los Testigos de Jehová. Su madre asegura que no integraba las pandillas, nunca recibió amenazas o fue presionado para unirse. Aun así desapareció inexplicablemente.

La mujer de unos 40 años de edad tiene el rostro marcado por el cansancio de tantas noches en vela. Llega dos veces al mes afuera del edificio de Medicina Legal con la esperanza de tener noticias de Eduardo.

Sin embargo, no ha recibido respuestas de nadie, llora cada vez que recuerda los pedidos de ayuda para localizar o saber qué pasó con su hijo.

“Cuando el niño no llegó nos pusimos mal y llegamos hasta la madrugada buscándolo, hasta hoy no hemos dejado de buscarlo”, dijo a Diacrónico.

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Escaparate para personas desaparecidas instalado en el edificio del forense Medicina Legal. / Fotografía Diacrónico.

Días de tortura

Tres días después de que Eduardo había desaparecido, su familia recibió una llamada anónima de un hombre que dijo tener en su poder al joven. Recuerda perfectamente esa voz que le dijo que si quería que le entregaran a Eduardo muerto.

Días después volvieron a recibir una llamada en la que le dijeron que dejara de buscar a Eduardo, la mamá les suplicó que le entregaran a su hijo, y ellos aseguraron que iban a entregárselo solo para enterrarlo, que lo iban a dejar en una comunidad de la capital, que ellos le indicarían. Jamás volvió a saber nada de los supuestos captores.

“Yo le pregunté, ¿estás consiente que mi hijo era inocente?, y me respondió que ‘sí era inocente’. Entonces yo le dije ¿y me lo torturaste?, y me dijo: ‘no señora, un tiro de gracia le dimos”, recuerda.

Sin embargo no se cansa de buscar. Los días de esta mujer y su familia transcurren entre visitas a Medicina Legal, hospitales y delegaciones policiales para ver si han encontrado algún indicio de su hijo. La familia de Eduardo libra una batalla todos los días, lo buscan  entre cadáveres y huesos de extraños que han sido desenterrados o encontrados.

“Es bien difícil, si yo no me esfuerzo por seguirlo buscando, nunca lo voy a encontrar. Así que tengo que estar preparada para ver cualquier cosa”, dijo.

Esperando respuestas que no llegan

De acuerdo a estadísticas de la Policía Nacional Civil (PNC) los casos de personas desaparecidas de enero al 12 de octubre de 2015 ascienden a 1,690. Se estima que la policía recibe diez denuncias diarias de personas desaparecidas, sin embargo la limitación de recursos hace difícil la búsqueda de cada uno de los casos.

La familia de Eduardo guarda la esperanza de que un día tendrán una respuesta de las autoridades.

“Es bien duro y que nadie de una respuesta, la fiscalía me dijo mire aquí es bien difícil, porque si usted ve para usted puede ser pequeño El Salvador, pero hay muchos lugares donde lo pueden enterrar”, apuntó la madre.

Recrudecimiento de la violencia

El Salvador atraviesa en los últimos años un recrudecimiento de la violencia y alza en los homicidios. De acuerdo a las autoridades de seguridad l es generada principalmente por las pandillas, Mara Salvatrucha 13 y su rival, el Barrio 18, quienes se disputan a muerte el control de los territorios y la venta de drogas.

Se estima que los homicidios en los primeros nueve meses del año 2015 han aumentado en un 72,2 por ciento respecto al mismo período del año 2014.

Durante el gobierno Mauricio Funes, las principales pandillas pactaron una tregua que buscaba iniciar un proceso de pacificación que permitiera la disminución de los índices de homicidios.

El proceso, que fue apoyado por la Iglesia Católica y la Organización de Estados Americanos (OEA) inició en marzo de 2012 y se rompió en mayo de 2013, en medio de críticas por la poca transparencia sobre los acuerdos entre el gobierno y las pandillas. Sin embargo, el pacto logró reducir las muertes a la mitad.

La historia que se repite

El salvador vivió una guerra civil (1980-1992) que cobró la vida de 75,000 personas y dejó 8,000 desaparecidos, de los cuales se ha avanzado muy poco en el esclarecimiento y búsqueda de justicia para las víctimas.

El Informe de la Verdad, que fue presentado posterior a la Firma de los Acuerdos de Paz en 1992, señala que la mayoría de las desapariciones forzadas de civiles fueron cometidas por los grupos militares del gobierno y grupos de exterminio ligados a la ultra derecha política del país.

En la actualidad los índices de desapariciones van en aumento de forma alarmante. La PNC registra de enero de 2012 al 12 de octubre de 2015 que unas 7,497 personas han sido reportadas como desaparecidas a nivel nacional.

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Cartel de indicaciones para colocar fotografías de desaparecidos en el escaparate de Medicina Legal.

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