Una guerra en ciernes

Alberto Barrera* / San Salvador

Pese a su tamaño minúsculo, en El Salvador y en el mundo, se le ha declarado la guerra a un peligroso insecto de cuerpo cilíndrico, patas largas y finas alas que desde hace años llegó para trastornar la salud de la gente a la que le transmite el dengue, la chikungunya y ahora el zika.

Y son miles los infectados, algunos murieron por complicaciones y se gastan millones en atender las epidemias, pues el clima y descuido de la misma población le han permitido proliferarse.

El mosquito Aedes Aegypti trajo el dengue, con sus distintas variedades y peligros, a la región desde la década de 1990 y luego a mediados de 2014 había infectado con el chikungunya a casi 166,000 personas en El Caribe y se enfilaba a Centroamérica, por lo que alarmadas nuestras autoridades de Salud se declararon en alerta.

Después, en mayo de 2015, alarmó al continente con el virus del Zika y hoy tiene preocupado al mundo por su rápida proliferación y porque además genera casos del Guillain-Barré, un problema de salud grave que ocurre cuando el sistema inmunitario ataca al sistema nervioso por error y causa inflamación de nervios provocando debilidad muscular, parálisis y otros síntomas que en algunos casos lleva a la muerte.

O provoca que si una madre embarazada es infectada por el virus el bebé padece de microcefalia y ya son más de 2,400 niños con ese mal en Brasil, en donde la presidenta Dilma Rousseff dijo que “estamos perdiendo la lucha contra el mosquito” y algunos lo tomaron como fatalismo, pero prevén la posibilidad de efectos negativos durante el carnaval de Río de Janeiro que comienza una semana antes del Miércoles de Ceniza, que es el 10 de febrero.

Y es por eso que la Directora de la Organización Panamericana de la Salud, Carissa F. Etienne, dijo que “debemos trabajar juntos para prevenir la propagación de esta enfermedad potencialmente debilitante…no podemos tolerar la posibilidad de más bebés nazcan con malformaciones neurológicas y otras malformaciones, y de que más personas se enfrenten a la amenaza de parálisis debido al síndrome de Guillain-Barré”.

Aunque no todos entienden lo peligroso que es, quizá lo ven tan menudito, que creen es incapaz de causar daño y por descuido dejan que se prolifere a montones. Pero con su nutrida generación invade casas, colonias, barrios, ciudades, departamentos y países, causando enormes daños a la salud y millonarios gastos.

En El Salvador el Ministerio de Salud informó que desde que se confirmó el zika se han detectado más de 6,300 casos sospechosos, de los que más de 2,450 fueron diagnosticados en los primeros 26 días de enero, lo que incluye 122 embarazadas que se mantienen bajo vigilancia sanitaria. Y se han confirmado 104 casos de Guillain-Barré, de los cuales 49 fueron dados de alta.

Las autoridades de Salud aconsejaron que las mujeres no se embaracen por lo peligroso que sería y eso no cayó en gracia entre muchos.

Y es que no es solo el zumbido que en noches de insomnio nos causa molestias o nos impide dormir, es algo más, causa fiebres, afectaciones en la piel, dolores en las articulaciones y algunas veces hasta pone en peligro la vida de infantes o ancianos.

En el país no hay mucha investigación o verdaderas campañas de exterminio del mosquito, quizá no hay recursos y se insiste en que debemos ser educados y ayudar a combatirlo porque, como la seguridad, “es responsabilidad de todos”, dejando de tener criaderos en nuestras casas y es cierto, pero nuestra población tiene muy poca disciplina, es descuidada y no se le puede dejar sola.

Cuando la epidemia de dengue llegó al país a mitad de 1990, quizá nadie creyó en lo grave y prolongado que sería la presencia del mortal mosquito, hoy estamos ante nuevos virus que transmite enfermedades, aunque viejas pues en Asia el dengue apareció después de la segunda guerra mundial. Hoy muchos dicen que el Aedes Aegypti llegó para quedarse.

No por gusto acaba de convertirse en una emergencia internacional y el mosquito es el principal enemigo sanitario del planeta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) que verificó la presencia del sika en 21 de los 55 países en América.

“La propagación explosiva del virus Zika a nuevas áreas geográficas con escasa inmunidad entre la población es motivo de preocupación, sobre todo por el posible vínculo entre las infecciones durante el embarazo y los niños que nacen con microcefalia”, dijo en Ginebra la directora general del organismo, Margaret Chan.

Y en El Salvador muchos no entienden por qué las campañas de fumigación solo se realizan si hay promoción, o quizá en realidad fumigar no sirve para nada, como tampoco lo son esos venenos que empresas transnacionales venden y que se adquieren en los súper mercados.

Nadie lo dice, aunque solo mencionan que lo mejor es destruir los criaderos o colocar lejía en las pilas, barriles o cualquier recipiente u objeto que guarde agua por varios días, ya que el abate casi no se entrega en las residencias de la población, quizá no hay dinero para comprarlo. No sabemos.

Por hoy la esperanza se cifra en untarse de repelente (aunque uno no sabe si de verdad repelen al mosquito), matarlos con aplausos, agarrar trapos, rollos de papel o tomar cualquier objeto para aplastarlo, comprar esas raquetas eléctricas que sí les electrocutan aunque duren muy poco.

Otros recomiendan tener plantas como albahaca o árboles de eucalipto, así como colocar “chimbolos” o alevines en las pilas, barriles o recipientes en que se guarde agua.

La lucha parece será larga y dura, lo mejor es prepararse a diario para la guerra contra el mosquito que podría haber llegado para quedarse.

*Periodista salvadoreño, del equipo editor de Diacrónico.

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