Reto de las mujeres salvadoreñas, el empoderamiento

Iliana Segovia* / San Salvador

Fuera de todo rol protocolar y académico, y antes de que la palabra desborde el análisis, quiero saludar a mis hermanas, a las que están dentro de sus casas habitando una violencia callada, a mis hermanas de sangre y a mis hermana indígenas que me abrazan en la cercanía y la distancia especialmente a mis hermanas lencas, Kakawira y Náhuat de la Red de mujeres indígenas del El Salvador, a las feministas especialmente a la Colectiva feminista, ORMUSA y Las Mélidas, a la mujeres trabajadoras del campo y de la ciudad y especialmente aquellas mujeres que a lo largo dela historia han dejado sus vidas y han recogido sus muertes por empujar nuevos caminos revolucionarios, venga mi abrazo solidario en este día especial en el que conmemoramos y celebramos las luchas nuestras, estas luchas con nombre y aquellas anónimas.

Quiero enfocar el análisis no solo en las problemáticas que nos acontecen como mujeres, y cuyo peso se refleja en la sociedad en general; si no también, enfocarme en los avances que hoy tenemos y aquellos avatares por recorrer. Con el primer aspecto, sabemos que la luchas de las mujeres por la igualdad y la equidad son de larga data y que la  historia ha sido escrita con franca entrega, la lucha por el derecho a la educación, al trabajo, a la participación política y otras, siguen siendo un reto individual y colectivo.

La violencia en todas sus formas, la falta de empleo e ingreso económicos de las mujeres en El Salvador es el pan de cada día, ello lo reflejan las estadísticas cuyas cifras son alarmantes, solo el año recién pasado cerró con 575 feminicidios y ya durante los primeros meses del 2016 los medios de comunicación muestran y reflejan un claro incremento de ataques directos a mujeres, especialmente niñas y adolescentes.

El reciente caso del asesinato de la niña de doce años en Cuscatlán (Wendy G.) quién murió apuñalada a manos de un vecino, refleja los niveles de misoginia y de violencia extrema que parte de esta sociedad refleja, y que se naturaliza en la medida que las personas son vistas como casos (número) por parte las instituciones encargadas de hacer justicia y no con la dimensión de ser humano y persona. Vemos como normal los homicidios y feminicidios, el resto de violencias, ni si siquiera se comentan o se hace muy poco y es más, se presentan con profundo amarillismo, aquellos casos o situaciones de violencia que sirven de plataforma a partidos o sectores para justificar tal o cual situación. Este aspecto, también invisibiliza el verdadero problema y sus causas, y es que mientras los muertos siguen siendo “el pueblo, mujeres pobres de nuestro país”, existen grupos que se fortalecen y se enriquecen de esta problemática.

Importante visibilizar también que en el ámbito de la participación política, las mujeres en la Asamblea Legislativa representan el 32 por ciento y aunque existe una leve mejoría respecto a periodos  anteriores, lo cierto es que sigue siendo insuficiente. Misma situación en el ámbito local de los 262 municipios que existen en el país solo 27 son liderados por mujeres. Este aspecto pone en evidencia la poca participación en espacios de poder y decisión, pues con ello se refleja que las barrera estructurales y patriarcales persisten; así como las que refuerzan los roles que discriminan y  estereotipos, mismo la limitada legislación en la materia. Con este panorama, será limitado el empuje hacia un sistema político que permita la paridad en la representación y participación.

Por otra parte, las luchas de las mujeres en el país han sido grandes y con altos costos para sus vidas. Los cambios que se han producido son el producto de ellos, proyectos como Ciudad Mujer, programas municipales de atención directa a mujeres, son el resultado de esa práctica cotidiana (de lucha). Con la creación de Tribunales Especiales para una Vida Libre de Violencia, el Estado Salvadoreño pretende dar cumplimiento a la legislación en esta materia y hacer efectiva la justicia para las mujeres. Existen además,  esfuerzos de organizaciones de mujeres que trabajan de manera activa por iniciativas que garanticen la paridad y reinventar una forma de participación que posibiliten el ejercicio una nueva cultura democrática. Este esfuerzo, es promovido además de otras organizaciones por las Mujeres del Movimiento Ciudadanía Activa.

¿Qué más hace falta para que al conmemorar este día no sea un día más? Más empoderamiento de las mujeres y esto significa una lucha creativa y mística que permita de manera progresiva el desmontaje de la cultura patriarcal y de la visión estructural de subordinación de la mujer. Esto pasa por un proceso de reconocimiento interno de lo que significa ser mujer y la importancia de conocer y reconocer sus derechos humanos.

Este primer punto, no es fácil,  pues se trata de la misma historia particular y colectiva que arrastra a cada una a un mundo particular y general y significa un cambio desde dentro. Un segundo aspecto, significa cambiar la situación y condición de las mujeres desde lo colectivo reconociendo que son mayoría y sobre todo que son personas sujetas derechos. Significa hacer de la sororidad una respuesta clara que permita en la divergencia, en la diversidad cultural y étnica, el cambio y la transformación. Estos dos aspectos juntos, son la fuente para la construcción de una nueva alianza entre mujeres para la transformación de la vida particular de cada una y del colectivo de mujeres.

* Trabajadora Social salvadoreña, colaboradora de Diácronico.

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